El espeleísmo, mejor conocido como espeleo, es la práctica deportiva del recorrido de cuevas de desarrollo horizontal o vertical. Para ello es necesario equipo especializado que incluyen descensores y ascensores.
Es indispensable el conocimiento básico de maniobras en fraccionamientos. También se requiere de cierta condición física y tolerancia a ambientes fríos y húmedos.
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Metepec, sábado 25 de marzo, 2018.
Temprano estábamos reunidos en una fresca mañana esperando por el transporte tanto nuestro guías de espeleísmo como alumnos. Se notaba cierto aire de incertidumbre por la aventura planeada para este día. Habían comentado que a grupos, en excursiones pasadas, les había tomado 20 horas hacer el trayecto y que, según opinión de los guías, no es una ruta fácil. Lo íbamos a comprobar en carne propia.
Algo de historia sobre el lugar:
Se dice que desde 1976 gracias a la incursión de un señor llamado José Montiel, quien logró superar varios obstáculos que hasta entonces nadie había desafiado, dio la confianza a otras 3 personas de su misma asociación llamada Draco a llegar al fondo de la cueva. Loable y valiente labor la de estas personas que provoca admiración por tomar el riesgo de explorar, y que, gracias a ellos, podemos ahora incursionar y conocer este tipo de maravillas.
Ése sábado inolvidable tuvieron para bien del grupo en general, el adelantarse a armar los tiros Eloy, Grabo y Xoch desde el día anterior. Comenzando alrededor de las 11:00pm del viernes y terminando a la hora en que nosotros (los demás) estábamos subiéndonos a la camioneta tipo Van en Metepec para dirigirnos hacia La Joya. Qué noche para ellos! y qué gran ayuda nos dieron. De no haber sido por esa previsión fácilmente hubiéramos tardado las ya mencionadas 20hrs dentro del pasaje calcáreo.
Llegando al lugar y ya en el campamento ⛺ encontramos a nuestros tres héroes, exhaustos pero aún así con la buena disposición de explicar la ruta y más detalles que ayudarían a hacer aún más ágil el recorrido. Lo cierto era que de los que ingresaríamos ninguno había practicado antes espeleísmo en la Joya, pero aún así la valentía, la experiencia en otras rutas y la ansiedad por conocer dominaba al grupo.
Llegamos a la entrada del resumidero alrededor de las 10am. Ya un grupo de unas 8 personas nos había rebasado y estaban ingresando a la cueva. Eran de Iztapalapa, según me dijeron, y su acento distintivo y agradable de barrio lo confirmó. Me sorprendió que, después de que ellos ingresaron, se movían muy rápido instalando también sus implementos necesarios para hacer sus descensos. Se podría decir que no nos frenaron a pesar de ser apenas la 3a vez que ingresaban a la maravilla subterránea.
Batallamos para entrar a la cueva y nos dio la bienvenida haciéndonos estrellarnos contra las piedras frontales o resbalando cuando tratábamos de coordinar manos y pies; momentos de silencio imperaban pero después fueron superados y olvidados ya en el interior. Uno que otro chiste, silbido y platicas amenas hacían placentera la travesía.
No me alcanzaba el tiempo para apreciar todo lo que había a mi alrededor. Me quedaba atrás para retratar una que otra formación; dirigía la luz de mi lámpara aquí y allá. Me decía mi compañera Rox que no me quedara y preguntaba todo el tiempo si estaba bien. En realidad no estaba bien, quería quedarme ahí por horas buscando detalles por todos lados, caminos por donde no pasaba mucha gente. Trepaba como chango. Tarántulas, varias velas ofrendadas tal vez a personas que sufrieron algún percance o simplemente un tributo a La Joya que la gente deja feliz por visitarla.
Me gustaría regresar y ahora sí llegar al fondo de la cueva con un grupo tan capaz como lo es CEMAC. Ojalá sea posible. Hay que irse preparado física y mentalmente así como con el equipo necesario, la Joya espera ser visitada y redescubierta una y otra vez!!!
Gracias a Eloy por contestar mis muchas preguntas tediosas sobre el lugar y por su entrega y liderazgo para con el grupo. Gracias a cada uno de los que pudieron asistir y hacer de este momento uno inolvidable. Extrañamos a los que no pudieron acompañarnos.
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